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Sciensus proporciona atención clínica a domicilio a pacientes con cáncer, incluyendo la administración de terapia anticancerígena sistémica (SACT), el apoyo de enfermeras clínicas especializadas y la coordinación con consultores hospitalarios para ofrecer una atención personalizada y centrada en el paciente.

Cuando George recibió su quinto diagnóstico de cáncer en octubre de 2024, viviendo a ocho millas de Belfast, se enfrentó a un dilema familiar: meses de quimioterapia significarían tres días completos cada quince días en el centro oncológico.

«Eso te impacta de inmediato, sin importar cuántas veces vayas», recuerda George. «Nunca te acostumbras».

Pero esta vez fue diferente. George recibió su quimioterapia en casa con Sciensus.

La perspectiva del paciente: una captura que salva vidas

A mitad del tratamiento, el brazo derecho de George comenzó a hincharse. Preocupado por que una infección detuviera su tratamiento y lo obligara a volver al centro oncológico, no dijo nada.

«Pensé: tengo una infección aquí y no diré nada, con la esperanza de que desaparezca», admite. «Ese era mi mayor temor: tener que volver al centro oncológico».

Cuando una de las enfermeras llegó para hacerle los análisis de sangre rutinarios, se dio cuenta inmediatamente de que algo iba mal. Le midió el brazo y llamó al hospital. Descubrieron tres coágulos de sangre.

El especialista fue tajante: «En el mejor de los casos, habría sufrido un grave derrame cerebral. En el peor, podría haberle matado».

La perspectiva clínica

Para la enfermera clínica especialista Edel Pilling, que presta apoyo a nueve especialistas de toda Irlanda del Norte en el ámbito del cáncer de mama y de intestino, esta vigilancia es lo que significa en la práctica la atención centrada en el paciente.

«Estoy ahí para apoyar a los pacientes físicamente con cualquier efecto secundario, económicamente si tienen preocupaciones y para ser el enlace entre el paciente y el especialista», explica Edel. Su función va mucho más allá de administrar el tratamiento: gestiona los ajustes de dosis, coordina con los especialistas y proporciona apoyo emocional.

«Incluso cuando voy a las clínicas con el especialista, hablamos de los pacientes y revisamos sus recetas. Si los pacientes están en el hospital, vamos a visitarlos. Los especialistas me envían un correo electrónico si hay alguna preocupación: "¿Podría ponerse en contacto con un paciente para ver cómo está?"».

Para Edel, las relaciones que se establecen son lo que da sentido a su trabajo. «Los pacientes dicen que es muy valioso tener a alguien al otro lado del teléfono. Les da una gran sensación de tranquilidad y apoyo en un momento en el que hay mucha incertidumbre».

«Si no sé, no puedo ayudar», añade.

La perspectiva familiar

Tracey se describe a sí misma como una «sufridora silenciosa», la pareja que debe mantenerse fuerte mientras ve cómo un ser querido se enfrenta al cáncer.

«Tienes que mantener el control porque sabes que la persona que está pasando por esto lo afronta con miedo y preocupación. Tú eres la persona que tiene que ser fuerte por ellos».

Recibir el tratamiento en casa significaba que Tracey podía participar plenamente. «Como paciente, no siempre estás concentrado en lo que tienes que escuchar, así que yo estaba allí para hacerlo por él. Podía tomar notas y organizar la medicación porque mi mente está más lúcida que la suya mientras él se somete al tratamiento».

Las enfermeras incluyeron activamente a Tracey en todas las visitas. «Saber que al otro lado del teléfono estaban ahí si las necesitaba, la tranquilidad que eso me daba era realmente muy buena».

Retos de la asistencia sanitaria rural

La historia de George pone de relieve un reto al que se enfrentan los pacientes con cáncer en las zonas rurales de Gran Bretaña. El acceso al tratamiento sigue siendo una barrera importante, ya que algunos pacientes tienen que viajar durante horas para acudir a cada cita.

Esta cuestión ha suscitado interés a nivel nacional, y el Gobierno ha anunciado recientemente un plan sanitario decenal que aborda específicamente las desigualdades en materia de salud en las comunidades rurales y costeras. Los modelos de tratamiento a domicilio, como el que utilizó George, ofrecen una solución práctica a estas barreras geográficas.

«Hay casos en los que las personas han decidido no someterse al tratamiento debido al estrés y las molestias que supone tener que desplazarse a los centros de tratamiento», señala George. Recuerda el caso de una mujer que tenía que hacer dos o tres viajes en autobús para llegar a su centro de tratamiento y decidió que no podía continuar. «La quimioterapia podría haber tenido éxito, pero ella decidió que, en lugar de enfrentarse al estrés del viaje, no iba a continuar y falleció».

Recibir el tratamiento en casa eliminó esas barreras. George pudo mantener su trabajo de concienciación sobre el cáncer en las comunidades agrícolas durante todo su tratamiento. «Pude centrarme en el trabajo que hago. Me pongo como ejemplo, soy bastante abierto al respecto porque creo que tengo credibilidad».

Y George continúa con su labor de defensa con convicción: «Una de cada dos personas se enfrentará a un diagnóstico de cáncer a lo largo de su vida. El diagnóstico precoz marca la diferencia entre la vida y la muerte. Así de sencillo».

 

Unidos por lo único

El tema del Día Mundial contra el Cáncer de este año, «Unidos por lo único», reconoce que cada experiencia con el cáncer es diferente y que la atención eficaz debe personalizarse según las circunstancias de cada paciente.

La historia de George lo demuestra en la práctica: excelencia clínica impartida con compasión, tratamiento adaptado a las circunstancias de la vida, familias incluidas como colaboradoras en la atención y eliminación de las barreras de acceso.

«Las enfermeras se convirtieron en parte de la familia», reflexiona George. «Sabían todo sobre mi familia, mis nietos. Había flexibilidad. Eso hizo que una situación muy difícil fuera más llevadera».

Para Edel, esta relación es lo que impulsa su trabajo. «Es un verdadero privilegio. Para las personas que están pasando por lo que probablemente sea el peor momento de su vida, ser acogidas en su hogar y formar parte de la familia… realmente no se puede pedir más en un trabajo».

El consejo de Tracey es sencillo: «Si tienes la oportunidad de recibir tratamiento en casa, no lo dudes. Hazlo».

George es uno de los miles de pacientes a los que nuestros equipos clínicos atienden cada año. Historias como la suya nos recuerdan el valor que aporta la atención clínica personalizada a domicilio, no solo en cuanto a resultados clínicos, sino también en cuanto a dignidad, implicación de la familia y calidad de vida durante el tratamiento.

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